Paz estaba sentada en la cama de un hotel modesto, con las maletas ya listas junto a la puerta.
Miraba por la ventana mientras la tenue luz del atardecer bañaba la habitación con un resplandor melancólico. Cada detalle de su entorno parecía estar cargado de una tristeza que no podía ignorar.
Llevó una mano a su vientre con un gesto protector, mientras sus pensamientos giraban en torno a Terry y Deborah.
La idea de ellos juntos era como una daga clavándose en su pecho.
—Tal vez, si él supiera de