Mia llevó a las mujeres a la habitación donde los gemelos dormían plácidamente. El aroma a talco y a mantas limpias impregnaba el aire, creando un ambiente cálido y reconfortante. Con suavidad, Mia alzó a uno de los bebés y lo acunó entre sus brazos, su mirada irradiando amor y protección.
—Mi pequeñito es alérgico a la vainilla —advirtió, su voz firme pero dulce—. Así que cualquiera que se le acerque debe tener mucho cuidado.
Leslie asintió con ternura mientras sostenía al otro gemelo con manos