Cuando llegaron al departamento, Paz llevó a sus hijas al sofá, tratando de mantener la calma, aunque sentía su corazón latiendo desbocado.
—Niñas, quiero que me expliquen, ¿por qué hicieron esto?
Mila y Mia tenían las cabecitas bajas, sus manitas jugueteaban nerviosas con las mangas de sus camisetas, y sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas.
—Mila, Mia… mírenme, por favor —insistió Paz, tratando de mantener la voz firme.
Fue Mia quien alzó primero la mirada. Tenía el labio tembloroso, y