Sienna bajó la mirada, concentrando su atención en la herida. Observó que el proceso de curación había comenzado, aunque el daño era todavía evidente; la lesión ya no sangraba, sin haber cicatrizado por completo.
—¿No hay forma de detenerlo? —preguntó Sienna.
—Llevo toda la vida buscando una manera —respondió él.
No mentía; desde la segunda vez que la perdió, se dedicó a buscar desesperadamente un método para romper el ciclo. Para él, aquello no era una simple profecía, sino una maldición.
—Si