Sienna comenzó a despertar sintiendo una intensa humedad en su coño. La sensación era tan placentera que un gemido escapó de sus labios; abrió los ojos lentamente y, al sentir cómo el placer la invadía, volvió a gemir, arqueando la espalda con fuerza.
—¡Carajo! —exclamó.
Bajó la mirada solo para ver a Maximiliano con el rostro hundido en su entrepierna, devorando su coño mojado.
—¡Para, bestia! —gimió de nuevo al sentir cómo sus dedos entraban de golpe en ella.
Sienna dejó de contenerse, enredó