Sienna salió del palacio. Ningún guerrero se atrevió a detenerla, tal vez porque Axel se los había ordenado mediante el enlace mental. Se adentró en el oscuro bosque sin medir el peligro que corría; lo único que quería era alejarse de esa bestia inhumana.
—Corre, corre… —susurró sin detenerse, mientras las lágrimas amenazaban con rodar por su rostro.
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Maximiliano caminaba furioso por los pasillos hasta llegar a las escaleras, donde Axel estaba recargado contra la pared.
—¿Dónde está?