—¿Sienna? —La voz de Maximiliano la hizo saltar en su lugar. Se levantó de la cama e intentó sonreír, pero fue incapaz de lograrlo— ¿Qué pasa?
—Nada —susurró Sienna, tratando de ignorar las palabras de su loba— ¿Dónde estabas? Pregunté por ti y me dijeron que saliste con el beta y el gamma.
Se acercó a él, intentando con todas sus fuerzas olvidar la advertencia de su loba y, sobre todo, el miedo helado que le habían provocado sus palabras.
—Arreglando un asunto sin importancia —respondió él.
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