El tercer día de acoso psicológico, la rendición llegó.
No de Dante, sino de sus hombres. Tres de ellos abandonaron la fábrica al amanecer, desarmados, con las manos en alto, gritando que solo querían irse.
Los hombres de Caleb los recogieron, les dieron agua y, tras interrogarlos brevemente, los dejaron ir con una advertencia.
La noticia se filtraría: Roosevelt ofrecía clemencia a los que se rindieran. Dante estaba quedándose solo.
Esa tarde, en el búnker, Caleb se preparaba.
Se ponía un c