El "estudio" para la primera lección no fue la biblioteca ni el atrio.
Fue una sala de entrenamiento espartana en el sótano que Emily nunca había visto.
Paredes de hormigón, un suelo acolchado, un espejo unidireccional y un surtido de armas inertes en la pared.
Olía a sudor seco y limpiador metálico.
Caleb estaba ya allí, vestido con pantalones tácticos y una camiseta negra ajustada que delineaba cada músculo.
Parecía otro hombre. No el padre nocturno, sino el guerrero.
—Buenos días —dijo,