La paz se rompió una noche con el sonido lejano pero inconfundible de disparos.
No era el fuego sostenido de un ataque, sino disparos aislados, secos, provenientes del perímetro sur de la propiedad.
Emily se despertó de un salto, el corazón en la garganta.
Al lado, Caleb ya estaba en pie, silueteado contra la ventana.
Había desenfundado una pistola que parecía materializarse de la nada.
—Quédate con Lucia. Bloquea la puerta —ordenó, su voz un susurro de acero. Se puso unos pantalones y una c