El búnker olía a polvo, aceite y tensión concentrada.
Caleb desplegó planos y imágenes de satélite sobre una mesa metálica.
Marco, tras evadir a los posibles perseguidores, se había reunido con ellos, trayendo consigo un arsenal más pesado y una vergüenza que palidecía frente a su determinación renovada.
—La fábrica tiene tres entradas principales, pero Dante habrá colocado trampas —explicaba Marco, señalando con un dedo—. Tiene a Sofia aquí, en la oficina de gestión, segundo piso. Ventanas e