A pesar de la paz, los reflejos adquiridos en la guerra no desaparecían.
Una tarde, mientras paseaba a Lucia en su cochecito por el sendero seguro de la comunidad cerrada, Emily sintió esa picazón familiar en la nuca, la sensación de ser observada.
Se detuvo, fingiendo ajustar la sombrilla del coche, y escudriñó el entorno con una mirada que Caleb le había enseñado.
No vio nada fuera de lo común. Coches bien estacionados, jardines impecables, una mujer mayor regando sus rosas a dos casas de d