Gael
—¿Una reunión? ¿Con el alfa oscuro? ¿Has perdido la cabeza?
—Papá, es para negociar el trato. Además, debe ver que su hija está bien —expliqué.
—¡¿Y a mí qué me importa?! —negó mi padre.
Iker gruñía dentro de mí y Aristides, a mi lado, también tensó el cuerpo. Apreté los puños hasta dejar los nudillos blancos.
—¿Qué te hace creer que voy a mover mi trasero hasta allá para que ese alfa desgraciado se quede tranquilo sabiendo que su hermana está… bien o como sea?
—No es la primera vez que no