Gael
—¿Cómo que no saben dónde está? —Le pregunté a las omegas y a la gente de la casa de Amanda.
—Dijo que iba a ver algo y se fue.
—¿Dónde está? ¿Dónde está? —gruñía Iker, perdido.
Me quería morir. Ella debía quedarse aquí, segura. Tiziano estaba cada vez más violento, estaba herido y tenía que velar por ella. Habíamos peleado con él y lo habíamos derrotado; aún no lo creía. Mis piernas flaqueaban, la adrenalina seguía pulsando en mi cuerpo.
No era guerrero y había ganado.
Decían durante toda