Nora
—Jamás imaginé el norte así —suspiré, maravillada por lo que veía.
—El mundo es grande, Nora. Hay mucho más —susurraba Indira, y era así. No solo las montañas eran asombrosas, sino que más allá había cimas nevadas y, frente a nosotros, una extensión interminable de tierra y piedras negras que parecía haber sido arrancada del corazón mismo de la montaña.
—Parece que son residuos de lava y ónix —explicó Gael, agachado.
—Vamos por buen camino —exclamé, y él se levantó sonriente.
El paisaje e