Agata
—¿Y alguien me va a responder qué rayos sucedió aquí? —gruñía Pascal furioso y perdido.
Nos habíamos alejado de la montaña y yo lanzaba una mirada hacia la ladera, a las piedras caídas. Ellos tenían que haber logrado salir. Gael era su protector, la tendría sana y salva. Ya había aprendido que los herejes tenían honor, mucho más que muchos lobos.
Aristides se colocaba a unos pasos de mí, como si quisiera protegerme de la mirada de su alfa. Algo en él había cambiado. ¿Eran ideas mías o se