Nora
Corrí como pude, sacando fuerzas de donde no tenía. Aunque me sentía mejor, mucho mejor.
¡Mate vino! ¡Mate nos quiere! ¡Mate nos besó! ¡Y sabe mi nombre! ¡Y, oh, Iker! ¿Acaso hay un nombre más hermoso? —suspiraba mi loba enamorada.
—¿Es eso? ¿Por eso estamos más fuertes?
—Debe ser así. Los lobos no están para estar solos… y menos con esa gentuza con la que nos tenía Tiziano. Diosa, casi me vomito —exclamó ella, arrugando el hocico.
—Pero el vínculo…
—No hay nada peor que el rechazo. Es mej