Gael
Tiziano no dijo nada, pero los hombres lobos conocíamos el olor del miedo, y el suyo se sentía en el aire mientras los cuatro lobos avanzaban despacio, olfateando con movimientos idénticos. Yo seguía en el suelo, atento. En la naturaleza, los depredadores sabían cuándo ya no eran los más fuertes y debían quedarse quietos.
Se acercaron primero a él, rodeándolo con una lentitud que a cualquiera le habría helado la sangre en las venas, mientras Tiziano se mantenía erguido con arrogancia. Los