Aristides
—Él es mi guardián, mi guerrero —indicó mi amor cuando el resto volvió.
Me tomaba de la mano y nadie discutió. Los vampiros tenían que saber; eran muy inteligentes. Los demás lobos no hicieron preguntas.
Fabrizio y el Duque habían traído malas noticias: el valle se apagaba. La lava seguía saliendo de la montaña de fuego hacia el sur, la ceniza se esparcía como un virus y, como si fuera poco… la tierra se oscurecía y los árboles se apagaban.
—Tenemos que detener a Tiziano. ¿Pero cómo?