Agata
Pensé que este iba a ser el final. Creí que el fuego iba a consumirme; se abría espacio por mi piel, por mis huesos, por mis músculos, parecía llegar incluso a cada molécula de mi sangre. Lo sentía como sentía el aire dentro de mí, que aún peleaba, que aún combatía.
—¡Ágata! ¡Contrólenla! —gritaba Julieta. Una mano tocó mi piel. Luego resonaron chillidos y se apartaron de mí.
Era como si la habitación hubiese desaparecido por completo, como si yo estuviera en un espacio donde no había nad