Aristides
—¿Será? No puede ser… —musitó el Duque.
—La montaña cobró vida de alguna forma. Los poderes del antiguo rey deben haber salido —comentó Fabrizio. Extendió lentamente la mano intentando tocar aquello... no sabía ni qué era. No era agua, gas ni fuego, ningún elemento que yo hubiera conocido antes. ¿Energía? Quizás.
—Solo tengo que acercarme...
Pero en cuanto sus dedos estuvieron cerca, aquella energía reaccionó.
—¡Cuidado!
El fuego lo alcanzó como si hubiera sentido su presencia y una