Nora
Gael permanecía cerca de mí intentando mantenerse firme. Él jamás admitiría cuánto dolor sentía, no por orgullo, sino porque no quería preocuparme. Sin embargo, podía verlo en sus movimientos, en la tensión de sus músculos y en la manera en que respiraba.
—Nuestros amigos volverán… Aristides no descansará hasta tener respuestas —susurró él con amor.
Le di un suave beso y mi corazón se apretó cada vez que lo veía en esa condición. Aun así, mientras esperábamos noticias, una sensación incómo