Gael
—¿Dónde está ese estúpido? —gruñó mi padre mientras se acercaba a nosotros tres, mirándonos de arriba abajo—. Me encuentro con que mi manada huyó como cobardes, con que un hijo inútil parece estar aliado con una bruja que, a su vez, quería entregarnos a Ciudad Ónix… ¿y aparecen ustedes así como si nada?
—Padre, Ágata nos ayudó, nos protegió. Sin ella, muchos estarían muertos…—expliqué.
—No digas una palabra más… —siseó entre dientes mi padre, con los ojos inyectados de sangre.
Coloqué a No