Agata
—¡Los temblores se terminaron!
—¡La tierra está en calma!
—¡Sea lo que sea que haya pasado, ya terminó! —clamaba la gente de la manada.
—Creo que podemos volver —indicó Gaspar, nervioso.
Estábamos en el bosque; la ciudad… ya casi se veía en el horizonte. Algo había cambiado en el aire, podía sentirlo.
—Creo que tiene razón, alfa —contesté.
—¿En serio? —me miró asombrado.
—Sí. La manada necesita su hogar, y creo que va a llover pronto —comenté en medio de la noche.
—Entonces…
—Guíalos de v