Nora
Cuando llegué a la mitad del puente, una roca pasó silbando junto a mi cabeza con tal velocidad que apenas tuve tiempo de agacharme antes de que golpeara la piedra y desapareciera en el abismo. Otra vino detrás y esta vez rozó mi hombro antes de caer al vacío.
—¿Qué hacen? —chilló Tiziano.
Giré la cabeza con incredulidad y vi a varios lobos levantando piedras desde el borde, lanzándolas tanto hacia mí como contra el propio puente, como si quisieran debilitarlo.
Si el calor, la lava bajo mi