Nora
Cada paso que daba sentía que mis piernas temblaban un poco más. Estaba acostumbrada a la batalla; durante años había sido parte de mi vida cotidiana, una rutina dura que me había enseñado a resistir el dolor y el miedo. Sin embargo, aquello era distinto. La sangre seguía pegada a mis manos y a mis dedos, secándose sobre mi piel mientras avanzábamos por aquellas cavernas cada vez más profundas.
—Nadie nos detendrá. Esta será la última vez que nos traten así —gruñía Indira dentro de mí.
El