Agata
Había un alboroto afuera, sabía que Nora y Gael habían vuelto, pero lo que más quería era ir a ver a esa Marissa y sacarle el aire del cuerpo. Me había pasado horas imaginando miles de venganzas cuando escuché un estrépito.
—¡Déjenme pasar!
—¡Guerrero, conoce tu lugar y…!
—¡Que me dejen pasar, les he dicho! —gruñó una voz furiosa.
Cuando la puerta de las mazmorras se abrió de par en par, apareció una figura alta y poderosa que bien conocía.
—Mi dama del aire… —suspiró Aristides cuando me