Tiziano
—¡Maldición! ¡Estos lobos son unos imbéciles! —gruñí mientras veía a algunos huir y a otros sujetarse contra las paredes como cobardes. Saqué mi cuchillo y acabé con esas… cosas sin pensarlo dos veces.
—¡Son lobos enfermos! —Boris llegó a mi lado. Era viejo, pero debía reconocer que seguía siendo fuerte—. Y tienes razón, estos hombres están dominados por alguna fuerza oscura. Mira su piel… esas venas negras. Parecen demacrados, como si llevaran años así.
—¿Qué demonios…?
—La manada Luce