POV: Aurora
El regreso a Blackthorn Manor no se sintió como una vuelta a casa. Se sintió como entrar voluntariamente en la boca de un león hambriento.
El Jeep se detuvo frente a la entrada principal. El motor se enfrió con un tic-tic-tic metálico que sonaba demasiado fuerte en el silencio de la noche.
Kieran me apretó la mano antes de soltarla. Lucian me miró por el espejo retrovisor, y sus ojos azules me transmitieron un mensaje claro: Déjame hablar a mí.
Bajamos.
Mis botas golpearon la grava. Me llevé la mano al vientre, un gesto que ya se estaba volviendo automático, protector. Allí dentro, la chispa de vida latía, ajena a la política, ajena a la muerte.
—Marcus está despierto —dijo Kieran, mirando hacia la ventana del despacho en el segundo piso. La luz estaba encendida.
—Nos está esperando —añadió Lucian—. Sabe que salimos. Sabe que algo cambió.
—Entonces no le hagamos esperar —dije. Mi voz no temblaba. El miedo se había calcificado, convirtiéndose en una armadura fría alrededor