POV: Aurora
El Jeep olía a tensión rancia y gasolina barata.
Lucian conducía. Sus manos apretaban el volante con tanta fuerza que el cuero crujía bajo sus guantes. Kieran iba en el asiento del copiloto, con el cuerpo girado hacia atrás, mirándome. O más bien, mirando mi vientre, que seguía oculto bajo capas de ropa manchada de hollín y nieve.
Nadie hablaba.
Pero el silencio no estaba vacío. Estaba lleno de preguntas afiladas que volaban por el aire como cuchillos invisibles.
—Es mío —dijo Lucian.
No miró atrás. Lo dijo mirando a la carretera oscura, como si estuviera dictando una ley universal.
Kieran se tensó. Vi cómo los músculos de su cuello se convertían en cuerdas de acero.
—No empieces, Silvercrest.
—No estoy empezando nada. Estoy afirmando un hecho. —Lucian tomó una curva cerrada con una agresividad innecesaria—. Sentí la transferencia. En la montaña. En el coche. Mi magia entró en ella. Mi vida entró en ella. Un heredero Silvercrest no es solo biología, es energía. Y lo que el