POV: Aurora
El dolor de cabeza se fue. Lo que quedó fue el frío.
Sentí la nieve en la espalda antes de abrir los ojos. Estaba tumbada sobre el abrigo de Lucian, en el suelo del bosque, a unos metros de la entrada del laboratorio maldito. El aire olía a pino y a noche, un alivio bendito después del hedor a muerte del sótano.
Pero había otro olor.
Uno que no venía del bosque. Venía de mí.
El ungüento. La mezcla de acónito y sangre que Kieran y Lucian me habían ayudado a preparar... había fallado. Mi colapso, el estrés de la magia, el drenaje de energía... todo había consumido el hechizo de ocultación como fuego en papel seco.
Ya no olía a sombra.
Olía a leche tibia. A miel. A sangre nueva y vibrante.
Abrí los ojos.
El cielo gris giraba sobre mí.
—Está despertando —dijo Kieran. Estaba arrodillado a mi izquierda, con una mano en mi frente. Su tacto temblaba.
—Su pulso se estabiliza —dijo Lucian desde mi derecha. Estaba tomando mi muñeca, contando los latidos.
Me incorporé, mareada.
—Estoy