POV: Aurora
El dolor no es una línea recta. Es un círculo.
Y yo estaba corriendo en él hasta que mis pies sangraban.
Habían pasado dos días desde que Kieran se alejó hacia el bosque. Cuarenta y ocho horas de un silencio que pesaba más que el plomo.
La casa seguía igual. Los relojes marcaban las horas. El sol salía y se ponía. Pero para mí, el tiempo se había detenido en ese instante en el solárium, cuando sus ojos grises se apagaron.
Me senté en el borde de mi cama.
El hilo de plata en mi pecho