POV: Aurora
El silencio tras la explosión mágica duró lo que tarda un corazón en saltarse un latido.
Luego, el mundo volvió a rugir.
—¡MÁTENLA! —aulló un Solitario desde el flanco izquierdo.
No era una orden estratégica. Era hambre. Mi magia, esa onda de choque que había roto huesos y árboles, no los había asustado. Los había atraído. Para bestias enloquecidas por la maldición de la soledad, yo olía a la droga más potente del mundo: poder puro.
Tres sombras sarnosas se lanzaron hacia mí simultáneamente.
No tuve tiempo de levantar la mano. No tuve tiempo de gritar.
Pero no hizo falta.
Dos muros se cerraron a mi alrededor.
Kieran se movió por mi izquierda. Lucian por mi derecha.
No se miraron. No se coordinaron con palabras. Fue instinto. Fue la sincronización biológica de dos depredadores Alfa protegiendo a la misma presa sagrada.
Kieran chocó contra el primer Solitario en el aire. No usó magia. Usó brutalidad. Se había transformado parcialmente: sus manos eran garras negras, sus colmi