POV: Aurora
La adrenalina es una droga mentirosa. Te hace sentir inmortal mientras estás en el ojo del huracán, pero cuando la tormenta pasa, te deja caer desde un rascacielos.
El patio trasero de la mansión Blackthorn estaba en silencio, salvo por el siseo de las brasas muriendo en las perreras y los gemidos bajos de los heridos. La nieve estaba negra. El aire olía a carne quemada y victoria sucia.
Me miré las manos.
Ya no salía humo de ellas. Solo estaban sucias, manchadas de hollín y sangre que no era mía. Temblaban. Un temblor fino, incontrolable, que subía por mis brazos hasta mis hombros.
—Estás en shock —dijo una voz a mi lado.
No era Kieran. Kieran estaba al otro lado del patio, discutiendo a gritos con Marcus, gesticulando hacia la brecha en el muro perimetral.
Era Lucian.
Estaba sentado en el tronco del roble que yo había derribado con mi magia. Se había quitado el abrigo destrozado y estaba en mangas de camisa. La tela blanca estaba empapada de rojo en el brazo izquierdo.
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