POV: Aurora
El polvo de caoba tiene un sabor amargo.
Flotaba en el aire estancado del Gran Salón, una neblina dorada y marrón creada por la destrucción de las puertas. Caminé a través de ella. Mis botas golpeaban el suelo de mármol con un sonido que resonaba en el silencio sepulcral de la sala.
Tac. Tac. Tac.
No llevaba capucha. No llevaba velos.
Mi cara estaba expuesta. Mi cicatriz emocional estaba expuesta.
A mi izquierda, sentía el calor de Kieran, una muralla de fuego negro. A mi derecha, el frío de Lucian, una fortaleza de hielo azul. Sus manos no me tocaban, pero sus auras estaban entrelazadas con la mía, formando una barrera visible de luz tricolor que apartaba el polvo a nuestro paso.
Llegamos al centro del salón.
Era un espacio circular, diseñado para intimidar. Gradas de madera oscura se elevaban hacia el techo abovedado, llenas de cientos de Alfas. Olía a miedo. A sudor frío y a colonia cara.
Me detuve.
Levanté la vista hacia el estrado.
Valerius estaba allí. Ya no sonreía.