POV: Aurora
Dejar a un hijo no es un acto natural. Es una amputación.
Estábamos en el límite del bosque, donde los árboles viejos daban paso a la carretera secundaria que nos llevaría al infierno. El motor del Jeep estaba en marcha, un zumbido bajo que sonaba como una cuenta regresiva.
Tenía a Aria en brazos.
Llevaba tres días en el mundo. Tres días de olor a leche, de magia dorada y de un amor tan aplastante que hacía que respirar fuera difícil.
Y ahora tenía que soltarla.
—Estará bien, Rory —dijo Lyric.
Mi mejor amiga estaba parada frente a mí, con los ojos rojos de llorar, pero con la mandíbula firme. Había llegado al refugio hace unas horas, guiada por Celeste, para cumplir la promesa que me hizo en su habitación de la universidad: el plan de escape.
—La llevaré a Canadá —dijo Lyric, extendiendo los brazos—. A la cabaña de mi tía. Nadie sabe dónde está. Ni siquiera tiene Google Maps.
—Es una Quimera —susurré, apretando a Aria contra mi pecho una última vez—. Brilla cuando estornud