Mientras tanto, a cientos de kilómetros al norte, en los jardines de la Manada del Norte, Lucía disfrutaba de una tarde perfecta.
El sol de primavera bañaba el césped con una luz dorada y cálida. Los rosales que bordeaban el jardín estaban en plena floración, llenando el aire con un aroma dulce que se mezclaba con el olor a tierra fresca. Era uno de esos días raros donde todo parecía estar en paz, donde el peso del liderazgo se sentía un poco más ligero.
Lucía esta