La noticia del escape de Damián se propagó por ambas manadas como un incendio forestal.
En menos de veinticuatro horas, Fuego Eterno y la Manada del Norte habían implementado protocolos de seguridad que no se veían desde los días de la guerra territorial. Patrullas dobles en todos los perímetros, guardias rotando cada cuatro horas, sistemas de comunicación encriptados entre ambos territorios.
Jacob había convertido la casa principal de la Manada del Norte en una fortaleza virtual. Ventanas reforzadas, guardias apostados en cada entrada, sensores de movimiento instalados en un radio de dos kilómetros. Nadie entraba ni salía sin ser escaneado y verificado.
Lucía observaba todo esto desde la ventana de su habitación, con Aria dormida contra su pecho y Lysander acurrucado a su lado en la cama. El sol se había puesto hace horas, pero ella no podía dormir. Cada sombra que se movía fuera, cada crujido de las tablas del piso, cada susurro del viento la p