En cuanto Lucía vio a Damián acercarse, puso los ojos en blanco. La última persona con la que deseaba cruzarse esa noche era él.
El aire estaba cargado de magia, de esa energía espesa que suele quedar flotando después de un ritual, y lo único que quería era respirar, alejarse del ruido, encontrar silencio. Pero, como siempre, el destino tenía otros planes.
—Creo que es mejor que regrese… —murmuró, dando media vuelta para volver al salón.
—Espera —la voz ronca de Damián la detuvo mientras su man