El amanecer en el predio del Consejo no llegó con suavidad.
Llegó con sonido.
Cuernos largos y profundos resonaron desde distintos puntos del anfiteatro, marcando el inicio formal de los Juegos. No era una alarma ni una convocatoria urgente; era un llamado antiguo, diseñado para atravesar piedra, carne y memoria. Un sonido que no pedía permiso, solo presencia.
Lysander abrió los ojos antes del segundo llamado.
No porque hubiera dormido mal, sino porque el cuerpo ya estaba preparado. Se incorpor