La mañana siguiente, luego del desayuno y después de que todos se retiraran, Lucía y Jacob se quedaron solos en la sala principal de la casa de Karl. El fuego crepitaba suavemente en la chimenea, proyectando sombras danzantes sobre las paredes de madera.
—Tenemos que hablar —dijo Lucía finalmente, rompiendo el silencio.
Jacob la miró con atención, esperando.
—Sobre nosotros. Sobre cómo vamos a