El viaje de regreso al Norte fue silencioso, pero no pacífico. El peso de lo ocurrido en el Consejo flotaba dentro del vehículo como una presencia tangible, densa, imposible de ignorar. Lucía iba recostada contra Jacob, quien no había soltado su mano desde que salieron del edificio. Sus dedos estaban entrelazados con tanta fuerza que los nudillos de ambos se veían blancos, pero ninguno aflojó el agarre.
Dylan conducía, lanzando miradas ocasionales por el espejo retrovisor. Podía sentir la tensi