Damián terminó su relato con voz pausada, cada palabra cuidadosamente medida. Había resumido su supervivencia en términos que lo pintaban como víctima de las circunstancias: la caída, el golpe brutal, la transformación instintiva de su lobo que lo mantuvo con vida contra toda lógica, las semanas perdidas en una cueva mientras su cuerpo sanaba en un estado casi comatoso.
—No recuerdo gran parte de lo que sucedió —añadió, bajando la mirada con lo que parecía ser humildad—. Mi lobo tomó el control total. Solo tengo fragmentos... imágenes borrosas. Desperté hace pocos días sin saber siquiera cuánto tiempo había pasado.
Internamente, una sonrisa torcida se dibujaba en su mente. "Mentira perfecta", pensó. "Déjalos creer que fui una víctima de mis propios instintos. Que no tuve control."
El Alfa Supremo de las Montañas del Alba se inclinó hacia adelante, observándolo con esos ojos grises que parecían leer más allá de las palabras.
—Es una historia notable, alfa Damián. Y conveniente.
Damián