El sol del mediodía caía vertical sobre el anfiteatro de piedra, calentando las gradas hasta hacerlas brillar. El Consejo había convocado una asamblea extraordinaria, y solo tres manadas permanecían en el recinto: Norte, Fuego Eterno y Valle Rojo. Los demás clanes habían partido al amanecer, sus carretas y lobos desapareciendo en la niebla de la montaña. El silencio era denso, roto únicamente por el crujir de las antorchas y el latido de cientos de corazones lobunos.
Lucía avanzaba por el pasil