El amanecer llegó sin aviso.
Un halo dorado se filtraba entre los pinos, bañando de luz las zonas de entrenamiento del Consejo.
El suelo aún olía a tierra húmeda y sangre seca: restos de la jornada anterior.
Lucía había despertado antes que todos.
La noche no había sido fácil.
Entre sueños entrecortados y el recuerdo de la planta que la había tenido prisionera, había decidido no volver a dormir.
Así que cuando el resto de la manada comenzó a salir de las cabañas, ella ya los esperaba de pie, co