DAFNE
La oscuridad ya no me asustaba.
Antes solía devorarme por completo—fría, infinita, susurrando cada nombre que alguna vez me habían llamado. Omega. Escoria. Reproductora.
Pero esta vez, era diferente. Las sombras se inclinaron.
Sentí el suelo bajo mis pies vibrar con energía, como el latido del propio mundo. Mis pulmones se llenaron de un aire espeso y plateado, y cuando abrí los ojos, ya no estaba en el territorio de la manada.
Me encontraba en una vasta extensión de neblina lumi