JORDÁN
El mundo se abrió en dos.
Comenzó como un leve temblor… y luego el suelo bajo mis rodillas se partió, y el bosque gritó.
Una luz plateada brotó de las grietas como fuego líquido. Todos los lobos a mi alrededor aullaron de dolor, sujetándose la cabeza como si la propia luna estuviera arañando sus cráneos. El vínculo —nuestro vínculo— ardió con fuerza, y luego se volvió aterradoramente frío.
—¡Dafne!
Grité su nombre hasta que la garganta me sangró, hasta que el bosque me lo devolvió com