JORDÁN
Sus ojos brillaban en rojo.
No del suave dorado que había llegado a conocer, ni del fuego cálido del poder de su loba — esto era algo más oscuro, más antiguo, como el color de la sangre fresca bajo la luz de la luna.
—Dafne… —susurré, la voz atrapándose en mi garganta.
Ella parpadeó una vez, una chispa de confusión destellando detrás del resplandor rojo. —Jordán… yo—
Pero antes de que pudiera terminar, una súbita oleada de energía la recorrió, lanzándome varios metros hacia atrá