Dafne
El aire a mi alrededor quemaba frío. No caliente… frío, como escarcha extendiéndose por mis venas. No sabía si aún estaba en el mundo real o atrapada de nuevo en la oscuridad, pero se sentía como si cayera sin fin a través de sombras que susurraban mi nombre.
“Dafne…” la voz resonó—baja, suave, familiar. Pero sabía que no era la de Jordán. Era la misma voz que me perseguía desde aquella noche—la misma que me decía que me rindiera, que me entregara.
—No… —obligué a mis labios a moverse, au