JORDÁN
Lo sentí antes que nadie.
Un pulso.
Una oleada violenta, ardiente, que desgarró el vínculo entre nosotros como un relámpago.
Dafne.
Su energía estalló a través del lazo — cruda, desesperada y tan poderosa que hizo que mi lobo cayera de rodillas dentro de mí. Me tambaleé hacia atrás, aferrándome a la pared de la cámara del consejo mientras un dolor me partía el pecho.
—Está viva —jadeé, luchando por respirar—. Ella está—
Entonces, el suelo tembló.
Cada linterna titiló. Una extraña luz